20 de mayo de 2016

ANUNCIO: Jornada de la AIIDI 2016

Estimados compañeros y simpatizantes de la AIIDI:

Desde el comité organizador de la jornada de la AIIDI 2016 estamos muy contentos de anunciaros que ya tenemos las fechas definitivas y el sitio para la realización de la jornada de este año.

Aprovechando que este año se cumplen los 20 años de la constitución de la SEIDI (precursora de la AIIDI) en Barcelona, la jornada se realizará en la cercana localidad de Sitges, los días 15 y 16 de septiembre.

Además, durante los días previos (del 13 al 15 de Septiembre) se celebrará una Summer School de la EAPA (la Asociación Europea de Evaluación Psicológica) con los últimos avances en evaluación de las diferencias individuales, especialmente orientada a estudiantes de máster y doctorado.

La conjunción de estos dos eventos en un mismo sitio y durante días consecutivos persigue acercar un poco campos que a pesar de ser muy cercanos, a veces miran en direcciones diferentes.


Próximamente os daremos más detalles sobre el programa y las opciones de viaje y alojamiento.

¡Esperamos veros pronto en Sitges!

Dres. David Gallardo-Pujol y Antonio Andrés-Pueyo en representación del comité organizador de la jornada de la AIIDI 2016

20 de abril de 2016

Vicente Pelechano en el recuerdo (por Wenceslao Peñate)

El fallecimiento de Vicente Pelechano es una de esas noticias que uno nunca quisiera escuchar. Se va el académico, el científico, el formador, el editor de tantas publicaciones. Se va la mejor representación de la versatilidad intelectual, de la constancia y el esfuerzo como claves del desarrollo del conocimiento. Se va la fuente de inspiración de muchos colegas que hoy día prestigian nuestra profesión. Se va la pasión por el conocimiento. Se va un gran amigo.

Es imposible entender la psicología española de hoy día sin la aportaciones del profesor Pelechano. El germen de personas como Mira, Germain, Pinillos o Yela tuvo en él ese salto necesario para consolidar un modo científico de hacer psicología. En esos momentos de los años setenta y ochenta donde se empezaba a consolidar los estudios de psicología (con la aparición de los primeros planes de estudios enteramente psicológicos y las primeras facultades de psicología), Desde las distintas  universidades en las que impartió docencia (Valencia, Complutense, Autónoma, La Laguna) su aportación fue fundamental para imprimirle a esta profesión un carácter de ciencia positiva, evitando que la psicología fuera por unos derroteros y no por otros (sólo hay que mirar lo que pasó con nuestros vecinos franceses o italianos). Resulta melancólicamente apasionante imaginar a aquel joven e impetuoso profesor recién llegado de la Max Planck hablando de diseños de investigación, de experimentación, de análisis de datos… toda una novedad para muchos en esos momentos.

De ese impulso tenemos un sinnúmero de monografías y artículos científicos que supusieron, con frecuencia, el inicio de los diferentes derroteros que la psicología española iba a desarrollar posteriormente con brillantez: la psicología de la personalidad y su modelo de parámetros, sus estudios sobre evaluación y diagnóstico psicológicos, los primeros textos sobre psicología fisiológica, la terapia de conducta, psicología comunitaria, psicología de la salud… resulta complicado resaltar una contribución específica (aunque la impronta de la monografía “Personalidad y Parámetros. Tres escuelas y un modelo” sea difícil de evitar). La dirección de numerosos proyectos de investigación. La fundación de la primera revista en modificación de conducta en 1975 (Análisis y Modificación de Conducta). La dirección de incontables tesis doctorales, incluyendo la dirección de las primeras tesis sobre terapia de conducta, psicología cognitiva, evaluación psicológica, psicología comunitaria o psicología de la salud. La organización de los primeros eventos y congresos con participación internacional de destacadas figuras mundiales, como el congreso internacional de psicología celebrado en Alicante en 1981, donde logró reunir, de manera impensable en aquellos momentos, a personalidades de la talla de Johannes Brengelmann, Joseph Cautela, Hans Eysenck, Michael Mahoney, Donald Meichenbaum o Joseph Wolpe.

Esas contribuciones no se han hecho alejadas de su compromiso institucional con la universidad. Además de sus compromisos docentes (aportando una visión única de materias como psicología de la personalidad, de las diferencias individuales, evaluación psicológica, terapia de conducta, psicología de la salud…), ha participado en incontables tribunales de tesis doctorales y ha participado en los concursos de acceso al funcionariado de gran parte de aquellos que vinieron a consolidar después esta perspectiva científica de los estudios de psicología.

A pesar de un desarrollo tan prolifero, con todo, su mayor aportación era en el trato cotidiano, en el día a día (cuando era ‘Vicente’). No había nada más enriquecedor que una charla con él, y si esa charla era ‘improvisada’, sin formar parte de las reuniones del equipo investigador, entonces salía el genio, el personaje creador. Sus palabras eran verdaderos heurísticos. En lugar de discutir y exponer nuestras posiciones, lo que a uno le nacía era tomar notas sin parar. Es verdad que no daba tregua y cualquier argumentación debía estar bien fundamentada, pero más de una vez nos atrevimos a decir alguna tontería con la única finalidad de seguirle escuchando (por cierto, cómo le molestaba la gente que hablaba de ‘oídas’). Como a él le gustaba decir, hay conocimientos que se expanden horizontalmente y otros verticalmente. No denostaba los primeros, pero te hacía profundizar en cada uno de ellos: era frecuente que de esas charlas te fueras con unas cuantas monografías a casa y una cita (‘para ayer…’) para seguir debatiendo. Si aguantabas su ritmo, si aceptabas el reto, el resultado no era sólo un cambio en el nivel de conocimientos, sino en el modo en el que estructurabas y analizabas ese conocimiento. Y ya no podías volver atrás.

Las aportaciones del profesor Pelechano representan sin duda  una deuda impagable para la psicología académica, científica y profesional española. Los que hemos tenido el enorme privilegio de contar con su amistad sentimos que esa deuda no tiene límites, porque, esté donde esté, no paramos de sentir la protección de su sabiduría.


Hasta siempre Vicente, descansa.

18 de abril de 2016

In Memorian – Vicente Pelechano Barberá (1943-2016)

Adelia de Miguel

Vicente Pelechano, profesor honorario en la Universidad de La Laguna, murió el 13 de abril de 2016 en Santa Cruz de Tenerife a los 72 años, como consecuencia de un fracaso multiorgánico causado por una infección nosocomial que agravó hasta el extremo sus problemas renales y cardiovasculares. Falleció sin poder despedirse de su mujer Angy y sus dos hijos, Elena y Vicente. D.E.P.

Pelechano, como era conocido en la Universidad española y en la sociedad en general, nació en Algemesí, en una familia con muy pocos recursos, de la que siempre estuvo orgulloso.  Y así lo escribió en su autobiografía, a la que se remite al lector de este post.

Se formó como psicólogo investigador en Max-Plank con Brengelmann, apadrinado por José Luis Pinillos, a quien consideraba su padre académico.  En Alemania gestó su modelo de personalidad, denominado “modelo de parámetros”, presentado en su tesis doctoral. La persona, la situación y la respuesta eran los tres ejes sobre los que se organizaba el funcionamiento psicológico, con interacciones entre los tres. ¿Qué tenía de extraordinario proponer esos tres ejes si el interaccionismo de Magnusson y Endler ya los consideraba y Bandura defendía el interaccionismo simbólico? Pues lo tenía todo: era la propuesta de un modelo para explicar la personalidad que integraba el análisis multifactorial de la condición estimular, la consideración de diferentes unidades de análisis para analizar las respuestas, y los factores psicológicos de persona (temperamento, motivación, competencias, actitudes y yo) teniendo en consideración el doble continuo de consolidación-generalización en un intento de solucionar la dicotomía rasgo-estado. Estos tres componentes que forman sistemas de diferente envergadura y amplitud de acuerdo con la nomenclatura de Bronfenbrenner  podían ver afectado su funcionamiento ante la presencia de diferentes parámetros o variables moduladoras.  En fin, un modelo integrador, ambicioso, potente, aplicable a las distintas disciplinas de la psicología, que en muchas ocasiones solo entendía el propio Vicente Pelechano.

Recuerdo cómo en su despacho (B1-06) en Guajara, me contaba lo que había aprendido tras varios días de estudio, las conclusiones a las que llegaba y la elaboración propia que de ello hacía. Siempre la frase final era que su propuesta era tan fácil como hacer la o con un canuto. Él había dedicado horas y horas a estudiar, y cuando el insight aparecía…. Ya todo era fácil. Pero nosotros no lo entendíamos, era complejo, necesitábamos conocimientos que no teníamos.



El gran peso que en su modelo teórico tenía el acercamiento multivariado era similar a la importancia que Pelechano otorgaba a la consideración de las diferencias individuales. Durante toda su vida académica trabajó apostando por la psicología diferencial, por la necesidad de tener en cuenta las múltiples fuentes de diferencias entre los seres humanos. Empezando por las diferencias sexuales entre hombres y mujeres. Siempre defendió el correcto uso de la variable sexo y protestaba y se enfadaba cuando le hablaban de género. Se enorgullecía de ser uno de los primeros investigadores en España que había sido subvencionado con un proyecto por el Instituto Nacional de la Mujer justamente para elaborar un modelo no sexista del estrés, dejando para publicaciones posteriores la gran cantidad de datos que aparecieron diferenciando a hombres de mujeres, adultos y adolescentes. Todos esos datos se han quedado sin publicar.

La enfermedad renal  y la hipertensión que padecía desde joven sirvieron de inspiración para otra gran investigación sobre estrategias de afrontamiento, salud y calidad de vida. Propuso un modelo en el que las enfermedades crónicas (cáncer, trasplante renal, diabetes, nefropatías, hipertensión) tenían muchísimo menos peso que las diferencias entre enfermos. 

En la conformación de los diferentes planes de estudio en los que participó, la psicología diferencial era una asignatura que él consideraba imprescindible. Sin embargo, tuvo que resignarse cuando el plan Bolonia en La Laguna defenestró esta asignatura del grado de Psicología. Por entonces ya no impartía docencia en primer ciclo debido a su estado de salud, pero la espinita clavada en el corazón se la llevó.

Vicente Pelechano fue presidente de honor de la Sociedad Española para la Investigación de las Diferencias Individuales (SEIDI) y en la IX reunión de la misma que tuvo lugar en La Laguna en 2007, recibió un homenaje como reconocimiento de su trabajo. En Huelva, en junio de 2012, fue investido Doctor Honoris Causa junto a Robert J. Stenberg.


Si bien le satisfacía ser reconocido en la academia española, le interesaba mucho menos el reconocimiento internacional. Los artículos en revistas de impacto nunca le hicieron falta (aunque en una convocatoria para la concesión de sexenios de investigación tuvo que mandar todas las publicaciones a la comisión correspondiente para “probar” que cumplía con los requisitos necesarios). Fundó y dirigió dos revistas científicas, Análisis y Modificación de Conducta y Psicologemas, ambas editadas por Promolibro, Valencia.  Gran parte de los catedráticos y profesores titulares del  Área de Conocimiento de Personalidad, Evaluación y Tratamientos Psicológicos (PETRA) de España, publicaron sus trabajos en ambas revistas, antes y después de la oposición.



En su autobiografía se puede encontrar una más amplia exposición de su vida y trabajo. Una autobiografía muy íntima, por otra parte. Pero muy pelechaniana, eso es verdad. Sirvan estas pocas palabras como sentido homenaje a este gran investigador y docente. Seguro que muchos al leer esto tendrán una opinión distinta. Nada tiene de extraño: las diferencias individuales también explican las diferentes percepciones que de Pelechano se tienen.

Gran parte de nosotros, profesores titulares y catedráticos de PETRA  durante los años 80 y 90 del siglo XX, yo me incluyo por supuesto, estamos en deuda con Vicente Pelechano. Nos enseñó, nos guió, nos exigió, nos “humilló” (también). Pero fue nuestro mentor, nuestro profesor.

D.E.P.


Gloria García de la Banda

El profesor Vicente Pelechano ha muerto. Estaba enfermo, hacia tiempo que estaba en diálisis. Yo lo sabía. Ya la última vez que vino a Mallorca para la SEIDI en 2009 no se encontraba bien. Este fin de semana pasado justo había hablado con Livia García de su estado de salud cuando nos vimos en Valencia. Livia me dijo que le visitaría en el hospital ese mismo lunes. Hoy miércoles me ha llegado su mensaje: “siento comunicarte que falleció Pelechano”.


Cuando pienso donde he llegado profesionalmente, son Pinillos (“pepinillos”, como le llamábamos en aquella época de estudiantes) y Pelechano los referentes más destacados. Todo lo que sé y he sido capaz de aprender sobre personalidad se lo debo a estos dos profesores, a su dedicación, estímulo y generosidad.
Estudié el doctorado con Pelechano en La Laguna (yo venía de Madrid). Cuando le pedí que me dirigiera la tesis me dijo que si yo sabía que hacer el doctorado con él era “sangre, sudor y lágrimas” (bueno lo dijo en inglés: “blood, sweat, and tears”). La verdad es que en ese momento me hizo gracia… me reí… pero él lo decía en serio (me avisaba del esfuerzo ingente que tendríamos que hacer). Era su manera de ahuyentar al personal… una especie de selección. En mi caso, en aquella época, me iba la marcha, lo viví como un reto. Lo cierto es que “blood” no hubo, pero sudor mucho! Y en mi caso, lágrimas pocas, aunque es verdad que para algunas personas el doctorado bajo su supervisión fue un camino difícil.


Pelechano era un hombre excepcional. Lo mismo hablaba de cine (un cinéfilo empedernido), que de política (repartía a derecha y a izquierda), que de literatura. En las conversaciones era brillante y sagaz; a veces se mostraba cínico y, como no, arrogante. Pero, siempre, extremadamente inteligente y muy crítico. Su pensamiento era original, imprevisible y muy estimulante. Se interesaba por todo. Sus temas de investigación fueron muy variados (integración de invidentes, estrés, amor y relaciones de pareja, enfermedad crónica, sabiduría… etc.). Su capacidad de trabajo era inmensa, el planteamiento del problema exhaustivo, la dinámica de trabajo y pase de pruebas agotadoras, las sábanas de datos kilométricas, los análisis multitudinarios. Sudar, sudábamos… lo juro!

Una cosa que me sorprendía sobremanera era que a veces parecía cambiar de opinión muy rápidamente en cosas esenciales, se lo hacía notar y él siempre me decía… “usted no me escuchó…. yo ya pensaba esto, y dije eso mismo, pero usted no escucha”. Otras veces en nuestras discusiones me decía: “Gloria usted busca la verdad absoluta y de esas no hay”. También me avisaba de no simplificar los contenidos en pro de la docencia (de la “pedagogía” decía con sorna), sobre todo cuando le comentaba que alguno de sus capítulos era imposible de entender. Simplemente me contestaba… “fácil, vuelva a leerlo”. Yo me reía (a veces me daba rabia…), pero lo cierto es que lo volvía a leer… y como no, algo más entendía.
Pelechano ya no está. Ahora sé que no podré ver su sonrisa a veces tierna y a veces irónica cuando le hacía algún comentario “ingenuo”. Ahora sé que ya no podré visitarle en su despacho de La Laguna, que no podré traerle a la UIB. Siento mucho no haber podido despedirme. Conociéndole, pienso que quizá para él fue mejor morirse así, de repente, sin demasiadas despedidas… pero a mí me ha dejado algo más huérfana, aunque sé que el dolor de esa ausencia es compartido por muchos amigos/as y colegas. Le echare mucho de menos. Su ausencia se hace más presente según pasan las horas.